Thalía, un fenómeno real
La cantante realizó un show donde la música importó menos que su belleza y dominio escénico. La Mexicana mostro sus condiciones a sala llena
Buenos Aires, Republica Argentina – Junio 15, 1997
Thalía y tele suenan parecido, y por lo que se ve, han hecho buenas migas. En efecto, lo de Thalía tiene mucho que ver con la imagen. O sea, tiene que ver con ver, más que con oír. No por nada, en su debut en la calle Corrientes, los fotógrafos son cordial y convenientemente ubicados para que sólo puedan tomar su perfil izquierdo. Pero cualquiera sea el lado en que se la mire, la chica tiene mucho para mostrar. La naturaleza, hormonas mediante, ha sido muy generosa con su distribución anatómica. Y Thalía, generosa también, lo retribuye haciéndose ver. Todo lo cual relega la cuestión musical y poética, por llamarlo de alguna manera, para otra ocasión. El Gran Rex está lleno de gente, tanto abajo como arriba del escenario. La sala rebalsa de un público estrepitoso con mayoría de niños y adolescentes, acompañados por sus respectivos padres, tutores o encargados. Y sobre las tablas, tres coristas, un trompetista, un saxofonista, un trombonista, un tecladista, un guitarrista, un bajista, un baterista y un percusionista se ocupan de proveer, con una eventual ayudita de algunos elementos pregrabados, el sonido ambiente. Por si esto fuera poco, diez bailarines ponen más cuerpo que alma en coreografías de escaso vuelo y pobre realización.
En el Gran Rex, Thalía fue un huracán sensual.

Cada tanto, Thalía aprovecha una pausa danzante para cambiarse y lucir más vestuario que un desfile de modas en una variante más bien kitsch. No se quedan atrás los ropajes de sus bailarinas, que llegan a usar unas desmesuradas pelucas negras o unos rutilantes disfraces de sirena, mientras sus partenaires se presentan con el torso desnudo y unos coloridos peces gigantes como sombrero, o un equipo de buzo como para las vacaciones.
Thalía revuela su hermosa cabellera, la peina, la acomoda, tira besitos, acaricia su cuerpo, acaricia el micrófono, se contonea, aúlla, gime un poquito, sonríe, gira, reparte mohínes, se bambolea, arquea, mueve, menea y baila. Sus condiciones naturales se mezclan con los pasitos y gestos estudiados, mientras que las poses de vedette se cruzan con el halo virginal de una adolescencia que no la abandona.
Esquiva la lluvia de ositos de peluche, toma uno y lo abraza. Hola, mis amores. ¿Cómo están mis novios?, saluda la chica. Bieeeeeeen, le responde un rugido atronador. ¿Cómo están las mujeres más bellas del mundo?, compensa la cantante, antes de decir que se siente como en su casa y otras galanterías de circunstancia. Te amo son por muy lejos las tres sílabas más pronunciadas, cantadas o vociferadas del recital, tanto por la gente como por Thalía. Su versión del clásico Bésame mucho desata gritos y llantos histéricos en el público de todos los sexos. De pronto, la estrella sale de la mano de Máximo, aquel niño ciego que gracias al programa Sorpresa y Media cumplió su deseo de conocerla.
A ver a ver, cómo mueve la colita, solicita en vano el honorable público. Después de todo, no hace falta insistir, ya que la muñeca mexicana se muestra de frente, dorso y perfil cuantas veces haga falta.
La chica no es muda ni sorda: tiene cierta voz y cierta idea de cómo usarla. Pero evidentemente, el atractivo principal de la noche es estar cerca de la nueva princesa del Reino de la Televisión. Un reino del que tampoco parece haber salido la propia Thalía, un personaje inmaculado que parece desconocer aún qué le espera vivir del lado de acá de la pantalla.
La cantante deja subir a una niñita y le cede el micrófono mientras se dedica full time a confraternizar con su público. Como postre, Piel morena, claro. El hit se estira y estira, Thalía se va, el resto se queda y el show -que sí, que no- languidece, parece que va a terminar y termina nomás, pero como quien no quiere la cosa. El último apaga la luz, y todos a casa a seguir viendo la tele.
Perdón, a Thalía.
Source: Clarin Digital
Thalia cantando en vivo desde el Teatro Gran Rex en Argentina – Junio, 1997



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